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Del botón al destino: así se está rediseñando la experiencia dentro del ascensor

Durante décadas, la experiencia en un ascensor fue casi invariable: entrar, pulsar un botón y esperar. En edificios con mucho tráfico, este modelo empieza a quedarse corto. No por capricho tecnológico, sino por una cuestión de flujo: demasiadas paradas, demasiada gente acumulada y tiempos de viaje que se disparan en horas punta.

La respuesta más extendida es el control de destino y, alrededor, una capa nueva de interfaces, información y accesibilidad. El cambio se nota en algo muy simple: el ascensor deja de reaccionar a pulsaciones dentro de la cabina y pasa a organizar viajes antes de que la puerta se cierre.

Qué es el control de destino y por qué reduce paradas

En lugar de elegir planta dentro, el usuario indica el destino en un terminal del vestíbulo, en una botonera exterior o en una app. El sistema agrupa personas que van a plantas similares y asigna una cabina concreta. Así se evitan recorridos erráticos y se reduce el número total de paradas.

En edificios de oficinas, hoteles o residencias con muchas salidas simultáneas, esto puede mejorar tiempos de espera y descongestionar el rellano. No es magia: requiere que la señalización sea clarísima y que la asignación de cabina se entienda a la primera.

Qué cambia para el usuario dentro de la cabina

La cabina se vuelve más tranquila: menos pulsadores, menos dudas y menos paradas imprevistas. A cambio, el vestíbulo asume más protagonismo. Si el punto de decisión está fuera, el acceso debe ser cómodo, con espacio para filas, carritos, sillas de ruedas y acompañantes.

En paralelo, aparecen pantallas que informan de ruta, paradas previstas y ocupación. Bien usadas, reducen la ansiedad y mejoran la sensación de control. Mal planteadas, añaden ruido visual y confusión.

Interfaces: de la botonera al terminal, pasando por el móvil

Las interfaces están evolucionando hacia tres líneas: terminales de destino, botoneras simplificadas y soluciones sin contacto. El objetivo suele ser el mismo: reducir fricción. Eso implica pantallas legibles, respuesta rápida y una lógica consistente entre edificios y horarios.

La opción móvil aporta ventajas en entornos corporativos: llamada anticipada, control de accesos y personalización. También exige una salida alternativa: nadie debería quedarse sin poder usar el ascensor por no llevar batería o por no dominar una app.

Accesibilidad que no depende de la memoria del usuario

Un sistema moderno tiene que ser inclusivo sin pedir esfuerzo extra. Eso se traduce en altura adecuada de terminales, información sonora y visual coherente, contraste, braille y tiempos de interacción razonables. En control de destino, la accesibilidad no es un añadido: si alguien no entiende la asignación de cabina, el flujo se rompe.

También importan los avisos dentro: confirmación clara del destino, indicación de sentido de marcha y una forma simple de corregir errores sin bloquear a los demás.

Impacto en el edificio: tráfico, energía y gestión

La reorganización de viajes afecta a todo: puede reducir consumos al optimizar recorridos, mejorar la capacidad percibida de una batería de ascensores y facilitar la gestión de picos. En edificios con control de accesos, además, el ascensor se integra en una experiencia completa: entrar, identificarte y subir sin pasos intermedios.

Eso sí, el beneficio depende del contexto. En un bloque pequeño, el control de destino puede ser excesivo. En un edificio con tráfico complejo, puede ser una mejora muy tangible.

Errores habituales al implantar estas soluciones

  • Señalización pobre: la gente no sabe dónde indicar destino ni qué cabina le toca.
  • Terminales insuficientes: se forman colas y el sistema pierde sentido.
  • Interfaz lenta: pequeños retrasos multiplicados por cientos de usos al día.
  • Accesibilidad de compromiso: soluciones que cumplen en papel pero fallan en uso real.

Antes de decidir, conviene pensar en el tipo de ascensor, su uso y la solución técnica que mejor encaja. En instalaciones con alto rendimiento, la base suele ser robusta: ascensores eléctricos con maniobra y control adaptados a la dinámica del edificio.

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