Pablo pasaba una tarde fresca en su habitación, después de llegar de hacer las compras con sus padres. En la finca donde vivían reparaban el ascensor y habían tenido que subir hasta la séptima planta con las bolsas, toda una proeza de la cual habían terminado exhaustos.

A sus cortos 10 años, Pablo tenía una inteligencia prodigiosa y le encantaba entablar largas conversaciones con su padre a quien consideraba su mejor amigo en el mundo. Se puso a pensar entonces, cómo sería la vida si no existieran los ascensores, si cada día tuviera que subir las siete plantas por las escaleras. Inquieto, fue hasta el salón y se sentó junto a su padre en el sofá.

– Papá, ¿te imaginas un mundo donde no existieran los ascensores? ¿Cómo sería nuestra vida sin ellos? – le preguntó pasados unos minutos.

– Pues no, hijo. Eso sería muy complicado, ¿no crees?

– ¿Tú crees que sería posible? – instiga Pablo a su padre.

– Quizás, aunque todo sería muy diferente, claro. Nuestra sociedad en vertical, como la conocemos ahora, en este mundo que nos estamos imaginando, sería más bien horizontal. No existirían los edificios ni mucho menos los rascacielos. Los edificios altos serían impensables teniendo en cuenta que, en un mundo sin ascensor, estos sólo podrían tener máximo cinco pisos.

– Entonces, ni siquiera se hubieran podido construir las Cuatro Torres de Madrid, por ejemplo, ni tampoco existirían la Torre Eiffel o el Empire State. ¡Ni siquiera tu oficina! – Pablo vio cómo su padre reía para sus adentros, pero siguió hablando – Nuestra vida sería un constante sube y baja… ¡pero por las escaleras!

La casa se llenó de risas y el papá de Pablo no pudo evitar pensar en la maravillosa metáfora que le acababa de regalar su hijo.

– Si te pones a pensar, Pablo, así es la vida, un constante sube y baja. Como en un ascensor. Debes ir subiendo poco a poco, superando cada nivel y aprendiendo de las personas que se van subiendo a él. Algunas permanecerán hasta llegar a la última planta y otras bajarán pronto. Y en algunas oportunidades, cuando no podemos, sentiremos que debemos bajar la velocidad y esperar. Lo importante es que siempre estará ahí nuestro piso destino y terminará ese breve recorrido…

– Por eso me encanta hablar contigo, papá. ¡Gracias!

En Inapelsa Ascensores nos sentimos orgullosos de poder celebrar junto a todos los padres de nuestra familia esta fecha tan importante. ¡Feliz día!

 

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