La necesidad de desplazarse y de transportar mercancías de un lugar a otro es tan propia del ser humano como su capacidad de andar sobre dos pies.

A lo largo de nuestra evolución y de las diferentes etapas de la historia, hemos conseguido dar respuesta a esta necesidad agudizando nuestro ingenio y valiéndonos de los recursos que teníamos a nuestro alcance en cada momento.

El ascensor, como sistema de elevación y carga, ha sido perfeccionado una y otra vez desde sus más remotos orígenes hasta el tiempo presente, dejando de ser una herramienta primitiva y rudimentaria para convertirse en el sofisticado y confiable medio de transporte que conocemos hoy.

¡Acompáñanos en este repaso cronológico a la vida del ascensor!

 

Un invento aún sin nombre

Para entender el largo camino que hemos recorrido, primero debemos remontarnos al Antiguo Egipto, en el que los primeros mecanismos de elevación estaban compuestos por rampas y cuerdas principalmente, que los egipcios empleaban para cargar piedras y otros materiales durante la construcción de sus pirámides.

Saltando adelante en el tiempo hacia el periodo helenístico, el erudito Arquímedes ideó un elevador que se accionaba mediante cuerdas y poleas, y que se impulsaba con la fuerza de los hombres. En ellos se encontró una herramienta muy útil de carga y descarga para los espectáculos del circo romano. Tanto gladiadores como bestias eran transportados en estos elevadores antes de los enfrentamientos en la arena del coliseo.

Con la Edad Contemporánea llegaron las máquinas a vapor, que revolucionarían el trabajo en las fábricas y también los sistemas de elevación.

Al mismo tiempo, se comprobó que la fuerza del agua era capaz de mover cargas de gran tonelaje, por lo que no es extraño que esta ventaja también se pusiera al servicio de los ascensores.

William Thompson, físico e ingeniero británico, dio a luz al primer ascensor hidráulico de la historia en 1845, cuya fuente de energía era, como bien se deduce, la presión del agua. Los ascensores hidráulicos fueron sustituyendo paulatinamente a los ascensores accionados por mecanismos a vapor.

 

El primero de todos

En 1854, de la mano del estadounidense Elisha Graves Otis, nació por fin el concepto de ascensor de la era moderna.

Fue durante la Exposición del Palacio de Cristal de Nueva York de ese año cuando Otis le presentó al mundo su reinvención de este, ya, histórico artilugio: un modelo de ascensor lo suficientemente seguro como para que cualquier persona pudieran viajar en él sin sufrir ningún percance.

Lo consiguió mediante la integración de un sistema de seguridad con piezas dentadas en los raíles de la estructura, que en caso de que los mecanismos de sujeción de la cabina fallasen, pudiera frenar eficazmente la caída.

Tal era su convicción en la seguridad del aparato que, durante la presentación, llevó a cabo una demostración que concluyó con orgullo al grito de «a salvo, caballeros».

Décadas más tarde, el alemán Werner von Siemens incorporaría la electricidad por primera vez a los ascensores en 1880.

Hoy, tras siglos y siglos de modernización, diferenciamos dos grandes tipos de ascensores para el transporte de personas: los hidráulicos y los electromecánicos. Te invitamos a echarle un ojo a esta entrada de nuestro blog para conocer a fondo las características de cada uno.

Como el ascensor a través de los tiempos, en Inapelsa también nos mantenemos en constante evolución, desarrollando nuevas técnicas y tecnologías que nos permitan innovar en nuestros productos y continuar progresando en la atención que ofrecemos a nuestros clientes.

Estamos esperándote en cualquiera de nuestras delegaciones.

¡Hasta la próxima!

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