problemas con los vecinos

La música alta, los niños, las mascotas, la lavadora antigua, el uso de las zonas comunes, las obras… Son numerosos los motivos por los que se desencadenan pequeños problemas con los vecinos que tenemos que solucionar con calma y acuerdos comunes.

Hay comunidades de vecinos que cuentan con la figura del administrador de fincas y los servicios de mediación de ayuntamientos, pero otras tienen que resolver los conflictos sin intermediarios. 

Para la receta mágica que solucione los problemas con los vecinos necesitamos principalmente estos cuatro ingredientes: empatía, diálogo, paciencia y serenidad.

La sociología afirma que en los barrios populares se toleran niveles de ruido mucho más altos que en los barrios residenciales, precisamente por la puesta en práctica de estas habilidades sociales.  

 

Empatía: lo principal para tratar los problemas con los vecinos

El valor de la empatía es muy necesario en estos casos, porque nos ayudará a ponernos en la piel del vecino “conflictivo” y entender por qué está actuando así. Además, es esencial que conozcas bien sus circunstancias, para tener un contexto en el que no estés juzgando acciones sin saber el motivo subyacente. Su estrés, problemas de salud, niños rebeldes, problemas laborales, horarios cambiados… 

Imagina una situación en la que escuchas constantemente al hijo de tu vecino gritar. Una y otra vez. Y pones más y más quejas. Para después descubrir que ese niño tiene alguna patología que le impide controlar lo que hace. Seguramente si hubieras sabido esto, hubieras actuado con empatía y no habrías elevado tantas quejas.

También, la empatía es necesaria para que nosotros mismos tratemos de que nuestros actos molesten al resto lo menos posible. Sabemos que es muy habitual ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, por lo que tenemos también que ser conscientes de qué cosas en las que nosotros hacemos pueden incomodar a nuestros compañeros de edificio.

 

Diálogo: fundamental para hablar de forma calmada

Cuando el conflicto se repite y sufrimos las consecuencias frecuentemente, es esencial que acudamos a hablar con el vecino en cuestión. En persona (con mascarilla y distancia de seguridad), por teléfono… Pero un diálogo calmado, en el que se intercambien las opiniones de cada uno, es imprescindible para llegar a un acuerdo.

Para llevar a cabo esta conversación, no olvides seguir estas pautas de conducta:

  • Muéstrate cordial, preocúpate por cómo está y recuérdale quien eres apelando a un recuerdo agradable entre ambos. Esto hará que esté más predispuesto a conversar y a poner solución a lo que plantees después.
  • Controla lo que dices y cómo lo dices. Cuidar el tono y las palabras es fundamental para que el diálogo transcurra en calma.
  • No empieces atacando. Culpar y acusar en cuanto el vecino abre la puerta solo termina en una discusión acalorada, justo lo que no queremos. Empieza planteando la situación: lo que estás viviendo, por qué te afecta y cómo crees que podría solucionarse de la mejor forma para ambas partes.

 

Paciencia y comprensión 

A veces, la mejor forma de combatir algo que nos molesta es tener paciencia. Sabemos que los niños gritando por la casa pueden interrumpir tu trabajo o descanso; que ese vecino de arriba haciendo deporte hace que retumbe tu techo, etcétera. Pero, más en estos momentos, debemos tener paciencia y comprender las situaciones que los vecinos no pueden controlar o que forman parte de su rutina aunque nos moleste. Quizás, los niños deben guardar cuarentena o ese vecino necesita entrenar en casa para cuidar su salud. Sé comprensivo con ellos y trata de adaptarte, ya sabes que nunca llueve a gusto de todos. Quizás, puedes poner una música suave para paliar el ruido mientras trabajas, unos tapones… 

 

Serenidad: hablar tranquilamente es el mejor arma para solucionar problemas con los vecinos 

Los gritos y ataques no llevan a ningún acuerdo. Como comentábamos antes, es complicado llegar a un consenso que beneficie a todas las partes. Quizás tienes que ceder o controlar ciertos pareceres para no incomodar al resto e intentar solucionarlo de la manera más calmada posible.

Puede ocurrir que, en ocasiones, los problemas con los vecinos no sean solo de convivencia, sino de desacuerdos en materias más complejas: instalación de un ascensor de obra nueva, adaptación del edificio para que sea accesible, un vecino que no quiere pagar la derrama para instalar un elevador, obras en casa de algún inquilino que alteran los elementos comunes… En estos casos, siempre con la Ley de Propiedad horizontal en la mano, lo mejor es que contactéis con un profesional que os diga cómo resolverlo.

 

El vecino mediador

Puede ocurrir que el problema ocurra entre dos vecinos que ya han tenido desencuentros anteriores, que no se entienden bien, que no quieren colaborar ni tienen voluntad de arreglar las cosas… En ese caso, suele funcionar tirar de un vecino con el que los dos se lleven bien, para que interceda entre ambos y facilite que ambas partes lleguen a un acuerdo. Siempre resulta más fácil expresarnos con alguien de confianza con el que nos llevamos bien, que hablar con alguien que no termina de encajarnos.

 

Desde Inapelsa, te aconsejamos que para hacer frente a los problemas con los vecinos, ante todo, haya paciencia y comunicación. Hablar entre vosotros es muy importante para conocerse, saber vuestros horarios, e intentar adaptaros a quienes os rodean. Una buena forma de estar en contacto es mediante un grupo de Whatsapp o cualquier otro chat, como el correo electrónico o el Skype. Mediante este canal, podremos comunicar las cosas antes de que sucedan e incomoden, por ejemplo, una pequeña obra en casa o el cumpleaños de los peques en la terraza. Anticipar las acciones que pueden molestar es algo que los vecinos agradecerán y te evitarán quejas posteriores. ¡Ánimo!

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